«El espacio le fascinaba, y su padre lo sabía. Cada vez que había una lluvia de Perseidas o los astros bailaban para regalarle a la tierra un eclipse ambos corrían colina arriba, con el telescopio a cuestas que tantas horas extras le costó para cómpralo.
El trabajo en la siderurgia, en la que se trataban los diferentes minerales para crear las planchas que componían las naves y las estaciones espaciales, era ingrato; y bastante insalubre. Pero cada quemadura que sufría le importaba un cuerno cuando veía la amplia sonrisa que esbozaba su hijo al observar los astros.
Veinte años después lo logró, era el capitán mas joven de la historia del departamento de exploración. Dejaría de observar el negro espacio para descubrirlo.
No era capaz de imaginarse las maravillas que encontraría, las nuevas razas con las que hablaría o los mundos que visitaría.
Pero una cosa si tenía clara… sabía cómo nombraría al primer mundo que descubriera.
El sacrificio de su difunto padre fue temporal, pero el haría que su recuerdo fuese eterno.»
Estas palabras están grabadas en la primera piedra de Gustav, actual mundo capital de la confederación de planetas unidos; eternas e imperecederas.
